Prácticas fraudulentas, ¿mitos electorales?

Las prácticas fraudulentas que por décadas se denunciaron en los procesos electorales, como la operación tamal, urna embarazada, o carrusel hoy son prácticamente un mito.

“Operación tamal se reunían en un domicilio particular, donde estaban los operadores electorales, que son las personas que llevan a votar a los ciudadanos, y ahí invitándolos a desayunar tamales que es lo más fácil de desayunar y de conseguir iban a casillas, a una u otra, en grupos”, explica Ulises Corona, investigador de la UNAM.

El carrusel, una persona con dos o más credenciales de elector falsas iba de casilla en casilla y votaba varias veces por el mismo partido.

“Casilla zapato, en donde una casilla electoral tenía todos los votos a favor de un solo candidato… se quedó zapato”, añade Corona.

El ratón loco. Se confundía a las personas diciendo que su nombre no estaba en la lista nominal y debían ir a otra casilla. Y después a otra. El objetivo: evitar que votaran.

La catafixia, que consistía en dar a una persona una boleta ya marcada que debía depositar en la urna. Su boleta en blanco la entregaba a cambio de dinero.

Y la práctica fraudulenta más conocida de todas fue por años la urna embarazada. Consistía en llenar las urnas, antes o después de la jornada electoral, con boletas tachadas en muchas ocasiones, resultaban más votos que personas en la lista de esa casilla.

“Esas prácticas han quedado atrás… el mito se ha venido abajo, porque las casillas son transparentes, ya no traslúcidas… porque hay un conteo exacto de los votos, y sobre estos, sobre la boleta electoral, firman los representantes de los partidos”, dice Ulises Corona, investigador de la UNAM.

“¿Puedes cometer una irregularidad en una casilla?, sí… ¿puedes hacerlo en dos casillas?, también… ¿puedes hacerlo de manera generalizada?, no. Una vez que el votante entra a la casilla, la votación está blindada”, asegura por su parte Luis Carlos Ugalde, director de Integralia y expresidente del IFE

Ivonne Acuña Murillo, de la Universidad Iberoamericana, señala “No todos los partidos pueden tener representantes en todas las casillas. De manera estratégica colocan a los observadores en casillas más importantes donde asumen que va a haber mayor número de votos para ellos”.

Ahora, los reflectores deben apuntar, coinciden los especialistas, a lo que ocurre durante las campañas: las formas en las que se intenta convencer a la gente, las movilizaciones, las promesas de dinero o trabajo a cambio del voto y el condicionamiento de programas sociales.

“Vivienda, vestido, trabajo y alimento, son con esas necesidades con las que lucran los candidatos… a un grado que un voto puede llegar a costar hasta mil pesos por la necesidad de la gente”, agrega Ulises Corona, investigador de la UNAM.

Ivonne Acuña Murillo, de la Universidad Iberoamericana, dice: “Podemos decir que técnicamente eso no es un fraude… pero definitivamente son estrategias que no permiten que la democracia opere con normalidad”.

Luis Carlos Ugalde, expresidente del Instituto Federal Electoral, asegura que el mayor problema de la democracia en nuestro país es el financiamiento ilegal de campañas.

“Las campañas a veces cuestan 10 o 20 veces más de lo que la ley permite. Y es dinero que viene de desvíos de recursos públicos o de financiamiento de particulares que lo hacen por debajo de la mesa, en efectivo, y parte de ese dinero, una porción de ese dinero, se va a lo que se llama clientelismo electoral que incluye: movilizar votantes, comprar votos, inhibir votos. Cuando tú le recoges la credencial el sábado y le dices te doy mil pesos y te la regreso el lunes, ahí si estás seguro de que esa persona que es simpatizante de tu oponente, no va a votar”.

Otros factores que podrían alterar las jornadas electorales, coinciden los expertos, son las que tienen que ver con la inseguridad. En zonas con alto índice de violencia o conflictos sociales, puede haber robo de material electoral o quema de urnas.

Con información de Lucía Hernández

AAE

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