REMEMBRANZA DE LA EVANGELIZACIÓN EN MÉXICO

Hace ya más de cinco siglos que los misioneros, de distintas órdenes religiosas, sembraron la semilla del evangelio en nuestras tierras.

Cuenta la historia que no fue una misión fácil, para estas órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas), ya que se encontraron en tierras desconocidas, con una lengua que no hablaban y una cultura muy distinta, su misión fue muy amplia casi en toda la república, principalmente  en el centro y occidente del país, igualmente en el sur, sus  obras fueron grandes, porque no solo se dedicaron a la inculturación del evangelio a los indígenas; sino a toda la organización y civilización de nuestros pueblos.

A ellos debemos también la gran variedad que tenemos en frutos y especies, ya que los agustinos, mandaron traer de castilla árboles frutales, introdujeron el cultivo de flores, legumbres, enseñaron a sembrar trigo y maíz; y por otra parte los dominicos enseñaron el cultivo de la seda.

No podemos quedarnos ajenos o indiferente ante estas grandes obras de los misioneros. Ya que tenemos hasta el día de hoy, obras que hablan de esta entrega; por mencionar algunas, se recuerda la obra de fraile franciscano Francisco de Tembleque, ya que en la región donde vivía carecía de agua, por lo tanto sin tener conocimiento de arquitectura construyó un acueducto, que tenía una distancia de 75 kilómetros, y se recuerda con el nombre Arcos de Tembleque.

Una obra más fue la de fray Pedro de Gante, su misión apostólica fue ardua enseñando a leer y escribir a generaciones numerosas de indios; Él fundó la escuela de San Francisco de México y llego a tener más de mil alumnos, a ellos también le debemos la fundación de las primeras Universidades. Todas estas grandes obras, nos hablan del gran amor a Dios y al prójimo, y al mismo tiempo nos invitan a todos los creyentes a seguir con esta misión.

“Vallan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos conságrenlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enséñenlos a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt. 28,18). Hoy en día esta misión de anunciar el Evangelio, al igual que en el pasado, no es una tarea fácil, porque en nuestra sociedad tan secularizada y tecnoculturizada, donde pareciera que hemos perdido el rumbo o en el peor de los casos la fe y donde todo se cuestiona;    les invitamos a renovar el encuentro siempre nuevo con Jesucristo para poder llegar a ser discípulos misioneros que anuncian, proponen y dan testimonio de Cristo Jesús, de este modo seremos sacramento de su presencia y de su amor por todos y cada uno de los hombres y mujeres, nuestros hermanos.

Que la semilla plantada por aquellos misioneros, den numerosos frutos de fe y obras, que den gloria a ¡Jesucristo! Único objetivo de nuestra predicación y la  Siempre Virgen María de Guadalupe nos ayude con esta misión.

 

 

Martha Martínez Ramírez.

Alumna del Instituto Superior de Catequética.

ISCA.

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Un comentario

  1. Excelente! 😊

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