India ha sido testigo de un cambio sísmico en su panorama político, marcando el fin de una era. Por primera vez desde 1957, el vasto país ya no cuenta con un solo gobierno estatal liderado por partidos comunistas. Este hito histórico se consolidó con la reciente derrota del Frente Democrático de Izquierda (LDF), encabezado por el Partido Comunista de la India (Marxista), en Kerala. Tras una década en el poder en este estado sureño, la salida de la izquierda marca el punto final, al menos por ahora, de uno de los experimentos más prolongados y significativos de comunismo democrático a nivel global.
Durante su apogeo, los partidos comunistas indios no solo gobernaban estados estratégicos como Bengala Occidental, Tripura y Kerala, sino que ejercían una influencia formidable sobre las vidas de más de 100 millones de personas. Su poder se extendía a través de una densa red de sindicatos, organizaciones campesinas, secciones estudiantiles y cuadros disciplinados. Bengala Occidental, por ejemplo, fue un bastión ininterrumpido del Frente de Izquierda desde 1977 hasta 2011, estableciendo uno de los récords mundiales de gobiernos comunistas elegidos democráticamente. De manera similar, en Tripura, la izquierda dominó durante 35 años, incluyendo un periodo ininterrumpido de un cuarto de siglo antes de ceder ante el Partido Bharatiya Janata (BJP) del primer ministro Narendra Modi en 2018. Kerala, con su singular trayectoria, vio alternar el poder entre la izquierda y el Congreso desde 1957, consolidando a los comunistas como una fuerza duradera aunque nunca hegemónica de forma permanente.
La influencia comunista no se limitó a sus feudos estatales; también resonó en la política de coaliciones en Delhi. Un ejemplo notable fue en 2008, cuando retiraron su crucial apoyo al gobierno del entonces primer ministro Manmohan Singh debido a su controvertido acuerdo nuclear civil con Estados Unidos. En aquel momento, los partidos de izquierda contaban con 62 escaños en la cámara baja del parlamento, una fuerza suficiente para forzar a Singh a enfrentar una moción de confianza. Además, en 1996, Jyoti Basu, miembro fundador del CPI (M) y ministro principal de Bengala Occidental, estuvo a punto de asumir el cargo de primer ministro de India, una oportunidad que su propio partido rechazó y que Basu describiría más tarde como un “error histórico”. A pesar del estancamiento económico en Bengala Occidental y las preocupaciones sobre el nivel educativo bajo su administración, los comunistas mantuvieron una influencia desproporcionada en el pensamiento económico, la vida intelectual y la cultura, mucho más allá de sus bastiones electorales.
El Declive Inevitable: Un Cambio de Paradigmas
No obstante, gran parte de esa influencia se ha desvanecido irremediablemente. En Bengala Occidental y Tripura, otrora grandes centros de poder de la izquierda, los comunistas se han reducido a una sombra de lo que fueron. A nivel nacional, el porcentaje de votos del CPI (M) ha caído drásticamente, pasando de más del 6% en su zenit en la década de 1980 a menos del 2% en las últimas elecciones generales. Este declive no es meramente electoral, sino que refleja un cambio más profundo en el lenguaje político del país. La tradicional lucha de clases y la movilización colectiva han sido progresivamente suplantadas por la política identitaria, el auge del nacionalismo, la aparición de líderes populistas y el modelo de prestación de asistencia social directa. Mohammed Salim, secretario del CPI (M) en Bengala Occidental, identifica una corriente histórica más amplia: desde la década de 1990, el ascenso del nacionalismo hindú y la liberalización del mercado generaron una “ofensiva religiosa, política y económica” que acorraló a la izquierda por todos los frentes.
Pese a este panorama de desvanecimiento, la izquierda india aún conserva algunos focos de relevancia política. En Kerala, a pesar de su último revés, sigue siendo una fuerza considerable. En el estado de Tamil Nadu, sobrevive principalmente a través de alianzas estratégicas, y en Bihar, el CPI (Marxista-Leninista) ha logrado consolidarse como una fuerza popular dinámica en ciertas zonas. Además, los grupos estudiantiles afines a la izquierda mantienen una presencia notable y activa en las principales universidades del país. Sin embargo, estos son destellos de un pasado glorioso, y el fin del gobierno comunista a nivel estatal marca el cierre de un capítulo fundamental en la historia política de India, obligando a los partidos de izquierda a redefinir su identidad y estrategia en un panorama nacional radicalmente transformado.
Con información de: BBC Mundo.

