El Mundial de futbol 2026 dejó en Guadalajara contrastes entre la convivencia, la exclusión de sectores vulnerables y una menor confianza en instituciones deportivas, de acuerdo con especialistas de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quienes analizaron el impacto social del torneo en la ciudad. Investigadores de los centros universitarios de Ciencias de la Salud (CUCS), Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) señalaron que los encuentros futbolísticos generaron emociones intensas entre aficionados, desde alegría y esperanza hasta tristeza, enojo e impotencia ante los resultados.
Pedro Reynaga Estrada, jefe del Laboratorio de Psicología de la Actividad Física y del Deporte del CUCS, explicó que los partidos permiten fortalecer la convivencia, la identidad colectiva y el aprendizaje de reglas sociales, aunque llamó a mantener expectativas realistas ante la posibilidad de una derrota. “No quiere decir que nos conformemos, sino que debemos de analizar de manera crítica los errores para la próxima vez”, afirmó.
David Coronado, jefe del Laboratorio de Violencia del CUCSH, señaló que los espacios de celebración evidenciaron desigualdades en la ciudad y generaron afectaciones para algunos sectores de la población.
“Estos eventos masivos aseguran la seguridad pública en espacios determinados, pero dejan a la deriva otros espacios que son realmente importantes para el tejido social”, afirmó. Coronado señaló que mientras el Centro Cultural Universitario de la UdeG impulsó actividades con enfoque de convivencia familiar y cultura futbolística, en el Centro de Guadalajara se registraron cierres de espacios públicos, desplazamiento de personas en situación de calle y restricciones para el comercio informal durante los festejos.
Por su parte, Gabriel Flores Allende, investigador del CUCEA, consideró que el Mundial representó una oportunidad desaprovechada para generar estudios y políticas públicas relacionadas con seguridad, economía, organización de eventos y administración deportiva. También señaló una pérdida de confianza en organismos futbolísticos debido a herramientas como el VAR, que, aunque buscan transparentar las decisiones arbitrales, han generado cuestionamientos sobre la igualdad en la competencia.
“En las universidades se forman a profesionales del deporte, en las escuelas se enseñan los valores sociales y personales del juego limpio, así como el respeto a las reglas de juego, lo que repercute en la vida cotidiana; pero ahora se empieza a ver, en la actualidad, una contradicción en los instrumentos que deben de dar transparencia en el juego”, dijo. Flores Allende agregó que México no logró establecer programas permanentes para impulsar el deporte o recuperar espacios públicos tras el torneo. “Por ejemplo, en Barcelona, después de los Juegos Olímpicos del 92, hubo una reestructuración abismal, pero en México después de tres mundiales no hemos visto transformaciones”, lamentó.

