El reciente sismo de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia el 10 de agosto ha desvelado una cruda realidad en el Chocó, una de las regiones más empobrecidas y olvidadas del país. Más allá de la devastación sísmica, el terremoto ha actuado como un cruel catalizador, exponiendo las profundas deficiencias estructurales y la precaria situación en la que vive su población. El epicentro de esta doble tragedia se manifiesta con particular crudeza en el hospital público San Francisco de Asís de Quibdó, la capital chocoana, una institución que ya operaba al borde del colapso antes de la catástrofe y que hoy se encuentra en una emergencia sin precedentes.
La enfermera jefe, Andrea Salazar, relató a BBC Mundo la dantesca situación vivida. Con una ocupación en urgencias que previamente rondaba el 200%, el día del sismo este porcentaje se disparó al 485%. Sin luz, conectividad y con la necesidad de registrar todo a mano, el personal médico y de enfermería luchó heroicamente para atender traumatismos, fracturas y un incremento alarmante de estrés postraumático, especialmente entre los niños. A pesar de que la antigua estructura del hospital resistió, a diferencia de muchas edificaciones circundantes, la falta crítica de insumos médicos llevó a la gobernadora Nubia Córdoba-Curi a declarar el colapso definitivo del sistema de atención y a solicitar que las donaciones se concentren en este centro vital. La situación del San Francisco de Asís es un espejo de la fragilidad que define a todo el departamento.
Chocó: Un Grito Silencioso en la Geografía Olvidada
El panorama departamental es desolador: de los 31 municipios, 29 reportan afectaciones, con 13 fallecidos, más de 45.000 damnificados y miles de viviendas destruidas o dañadas. Sin embargo, estas cifras son apenas una instantánea parcial de la verdadera magnitud de la tragedia. La gobernadora Córdoba-Curi confirmó que la emergencia se ha transitado “sin energía eléctrica, sin señal de celular”, y con la persistente desconexión de numerosos municipios. La complejidad geográfica del Chocó, con su combinación de selva, costa y montañas, sumada a un clima húmedo y lluvioso, dificulta enormemente la llegada de ayuda y, lo que es aún más preocupante, el levantamiento de un censo real de víctimas y daños. El subregistro es una constante que agrava el ya crítico escenario, retrasando la respuesta y el apoyo necesario para una población que lleva décadas clamando por atención.
Las historias individuales subrayan la magnitud del aislamiento. Ayanith Martínez, una profesora de San José del Palmar, epicentro del sismo, relató cómo en un viaje matutino en autobús por la única vía de acceso a su municipio, no sintió el terremoto, sino que solo percibió la destrucción al ver casas colapsadas. Este municipio de apenas 5.809 habitantes, más conectado con el Valle del Cauca que con su propia capital departamental debido a la geografía y la infraestructura, es un claro ejemplo del abandono. El alcalde León Fabio Marín lo resumió con dolor: “Somos un municipio demasiado humilde, demasiado pobre”. El terremoto no solo ha movido la tierra, sino que ha expuesto, una vez más, las profundas cicatrices de un olvido histórico que ahora se exige sea atendido con urgencia y responsabilidad.
Antena Noticias hace un llamado a la acción inmediata y coordinada para el Chocó. La respuesta a esta catástrofe no puede limitarse a la ayuda humanitaria puntual; debe ser una oportunidad para abordar las raíces de la pobreza extrema y la desconexión que han condenado a esta región. Es imperativo que el gobierno nacional, las organizaciones internacionales y la sociedad civil dirijan una mirada integral y sostenida hacia el Chocó, garantizando no solo la recuperación, sino también un futuro con dignidad y oportunidades para sus habitantes. La solidaridad debe trascender la emergencia para convertirse en un compromiso a largo plazo con una de las joyas naturales y humanas más castigadas de Colombia.
Con información de: BBC Mundo.

