A medida que se acercan las elecciones, un creciente sector del Partido Republicano en Estados Unidos empieza a manifestar su preocupación y a marcar distancia del presidente Donald Trump. La percepción de que el mandatario podría convertirse en un lastre electoral está impulsando a varios candidatos y votantes a reevaluar su apoyo, temiendo un impacto negativo en las urnas.
El descontento se manifiesta en diversos frentes. Desde la política migratoria, donde figuras como la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar han criticado las detenciones de inmigrantes y exigido correcciones, hasta el impacto económico de la guerra arancelaria y el conflicto en Irán. Casos conmovedores, como el del empresario John Gannon, cuya prometida fue detenida por ICE, o el de Donna Ganger, cuya hija murió a manos de un agente migratorio, ilustran el profundo desencanto de votantes republicanos que se sienten traicionados por las acciones de la administración. La frustración también se extiende a figuras políticas como el candidato al Senado por Texas, Ken Paxton, quien atribuye su desventaja a los elevados precios del petróleo y la situación en Irán.
Las encuestas reflejan este cambio de opinión. Un estudio de Reuters/Ipsos mostró una caída significativa en la aprobación de Trump dentro de su propio partido, especialmente en el manejo de la economía y el costo de vida. Además, investigaciones de organizaciones como Navigator Research y el Instituto de Investigación sobre Religión Pública revelan que un porcentaje considerable de votantes que apoyaron a Trump en comicios anteriores ahora lamentan su decisión, citando principalmente la guerra con Irán y el aumento de los precios. Este malestar es particularmente elevado entre jóvenes, latinos y afroamericanos que conformaron una base de apoyo crucial para el presidente.
La presión interna dentro del Partido Republicano es innegable. Varios senadores y representantes, como Thom Tillis, Lisa Murkowski, Zach Nunn y Mariannette Miller-Meeks, han exigido rendición de cuentas sobre operativos migratorios o han apoyado iniciativas para limitar los poderes presidenciales en materia de guerra y aranceles. Incluso se han presentado propuestas de juicio político contra miembros del gabinete. Este clima de disidencia interna subraya la profunda división y el desafío que enfrenta el partido para consolidar un frente unido de cara a los próximos comicios, con un electorado republicano visiblemente afectado por el deterioro económico y las controvertidas políticas de la administración actual.
Con información de El Universal.

