Aaron Judge caminaba de un lado a otro en el dugout de Estados Unidos, mientras del otro lado Venezuela estallaba en emoción: lágrimas, rodillas al césped y un festejo histórico por su primer título en el Clásico Mundial.
El contraste era brutal. Los jugadores estadounidenses, con un roster valuado en 320 millones de dólares, quedaron inmóviles varios minutos antes de abandonar el campo. “Estoy feliz por ellos, pero yo juego para ganar”, dijo Bryce Harper.
La frustración era evidente. Estados Unidos, campeón en 2017, volvió a caer en una final, tal como en 2023. “Nos quedamos cortos”, admitió Judge.
La ofensiva nunca apareció: apenas tres hits en la final y solo cuatro carreras en sus últimos dos juegos. Muy poco para un lineup que venía de sumar más de 380 jonrones en Grandes Ligas.
Venezuela, liderada por figuras como Ronald Acuña Jr., Luis Arráez y compañía, impuso condiciones desde el montículo. Eduardo Rodríguez dominó con autoridad, limitando a EE.UU. a un solo hit en más de cinco entradas y ponchando dos veces a Judge.
El golpe final llegó en la novena, cuando Eugenio Suárez impulsó la carrera definitiva tras un robo clave de Javier Sanoja. La celebración fue total.
Estados Unidos, lleno de estrellas, volvió a quedarse a la orilla… y ahora tendrá que esperar otros tres años para intentar recuperar la corona.
Con información de Plano Deportivo


