jue. Nov 21st, 2019

Necesitamos profesionales en el gobierno

Por: Octavio Aristeo López

Actualmente las sociedades enfrentan retos en la forma de gobernar, particularmente en América Latina, como es el caso de México, donde los esfuerzos por salir del subdesarrollo exigen cambios o transformaciones radicales en las políticas, en la manera de hacer política, que lleguen a establecer una nueva trayectoria en la historia, tales como avanzar en el combate a la corrupción, la pobreza, la inseguridad y la violencia.

Por ello, deben mejorase radicalmente las condiciones de vida de la población, y esto requiere profesionales en el manejo de los asuntos de gobierno, es decir, no cualquiera puede ser gobernante; un excelente político opositor no necesariamente es un excelente gobernante, más si se rodea de gente que demuestra su ineptitud en la reflexión política al tomar decisiones en situaciones de crisis, como sucede cuando existen cambios.

El mejoramiento del profesionalismo en el manejo de asuntos de gobierno es una demanda urgente en los reclamos sociales, junto con atender la voluntad política democrática de los ciudadanos que han manifestado en sus múltiples participaciones institucionales y no institucionales; mejorar los cuadros de funcionarios públicos con medidas instrumentadas para librarse de la corrupción endémica, es otra demanda social que todavía no se observa con claridad una pronta solución, solo está en el discurso y no en los hechos que observamos de manera cotidiana.

Tratar los asuntos del gobierno con profesionalismo es un asunto vital en momentos de cambio o de transformaciones, si no existe este profesionalismo no puede existir una reforma que beneficie a la sociedad, solo será el surgimiento de una nueva burguesía que buscara beneficios propios y no sociales, como ha sucedido en la historia del país y esta sucediendo.

En el momento en que un grupo político gobernante afirme que la democracia ya llegó o pretende instalarla como algo ya completamente realizada, encontramos signos de totalitarismo en el gobierno, porque la democracia es una construcción permanente y está por llegar, está por venir.

Esto demuestra, que el profesionalismo en asuntos de gobierno implica construir puentes entre el pensamiento y los hechos concretos, entre el sujeto y el objeto, ente la teoría y la práctica; el conocimiento sistemático con la acción en cada área de la administración pública, transformar el conocimiento que busca el bienestar común en acción.

Sabemos que el pragmatismo reduce la actividad política, y predomina el oportunismo y el totalitarismo en la solución de coyunturas determinadas, es decir, se intensifica la figura histórica particular de un personaje político o de una organización política que tiene fuerza para aspirar el control total de la vida social y política, que no es una transformación sino la construcción de una figura mesiánica.

Incluso, por definición, los medios apostaban por el rigor y la frialdad conceptual, alejándose de lo más posible de las emociones para atenerse estrictamente a los hechos, a los datos, a las pruebas.

Por lo mismo, también debe seguir respetándose el código de ética profesional, que permite ser más racional que emocional en la feroz lucha por el poder; además, de poner en duda la verdad, eficacia o las creencias comúnmente admitidas, y ser más receptivos en lo que es muy claro, y evidente; esto permite tener un gobierno más creativo y no encerrado en la desconfianza o el ostracismo social.

Está demostrado que la política es la toma de una decisión que está inmersa en el ámbito del riesgo y del peligro, más cuando se demanda una justicia mesiánica que no está a la altura de la demanda de justicia social, la hace injusta para unos, por ello, la razón y la experiencia puede estar enmarcada en una formula kantiana: “si la ética sin la política está vacía, la política sin la ética está ciega”.

Existe una política ciega cuando no se sabe cómo eludir conflictos de interés que están muy arraigado en la estructura gubernamental de México, por ello, hay que reforzar permanentemente la mentalidad que se trabaja para la sociedad no para un grupo en particular en la lucha por el poder político; por otro lado, clarificar ¿qué tipo de valores defiende el servidor público, cuáles son los valores legítimos que debe seguir?, no basta con distribuir una Cartilla Moral.

Ya está demostrado, y se cae en el mismo error, que acumular riquezas para beneficio personal o del grupo sirve para vivir del presupuesto público y estimular más actos emotivos que racionales en la lucha del poder público que corrompe las estructuras gubernamentales: es parte de la cultura política de los que están en el gobierno independientemente del partido que gobierne, este es un problema de los gobiernos de América Latina y de México.

La ética profesional va ligada al profesionalismo en el manejo de los asuntos de gobierno, y esto permite la creatividad en el gobierno, es decir, la búsqueda de la creatividad en el gobierno es una cuestión de personalidad de cada funcionario y servidor público en la acción de gobernar; la necesidad de desarrollar e inventar nuevas políticas se da por la naturaleza cambiante de espacios públicos y alternativas de soluciones de problemas en el campo de acción, hacen de la creatividad algo indispensable en el acto de gobernar al encontrar nuevas opciones de políticas en un mundo cambiante, por ello, son indispensables los profesionales creativos, en una clase policía gobernante frustrante, llena decepciones y fracasos.

Por lo mismo, el filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C.) define como ciudadano al que tiene en sus manos el gobierno y la justicia, quien puede ser juez. Si alguien no puede juzgar a sus iguales, no es igual, por tanto no es un ciudadano, por ello, la responsabilidad de los asuntos públicos no es de unos pocos, aún más si son elegidos.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 
Universidad Nacional Autónoma de México. 
[email protected] 

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