28/02/2021

Tiempo político

Por Octavio Aristeo López

Ser realista político es entender que el orden social es una construcción humana, y construir un nuevo orden está dentro de un futuro posible reflejado en la acción política en el manejo del tiempo para no ser atropellado por la imprevisibilidad de los sucesos o imprevistos; el éxito o el fracaso son juicios posteriores a la acción, y tomamos la decisión sin conocer el resultado de la acción.

En consecuencia, enfrentamos un futuro incierto porque todo presente tiene un futuro actual, es decir, somos contemporáneos de nuestro propio futuro; el futuro es nuestro presente, por lo que, el futuro actual es un presente venidero que genera un nuevo futuro; aquí esta presente la incertidumbre, en el futuro y en el presente en América Latina.

Tomamos decisiones políticas anticipatorias con el fin de reducir la incertidumbre, es nuestra lucha permanente: reducir la incertidumbre que da inseguridad; eliminar la inseguridad del futuro es reducir la incertidumbre controlando el curso de los hechos y construir una incertidumbre aceptable, porque el sistema político y la democracia se apoyan  en el desarrollo de la seguridad y el orden, es el reclamo de la sociedad mexicana.

La proyección de complejas cadenas causales no disminuye las posibilidades de incertidumbre sino las aumenta en un futuro cada vez más abierto e incierto; ya que cada variable multiplica las correlaciones posibles y en lugar de la reducción de complejidades hay un aumento de ellas en las sociedades.

Con a la incertidumbre viene la desconfianza. La confianza existe si el otro la proporciona, es una comunicación de “ida y vuelta”; es una relación social arriesgada, si no se manejan los tiempos necesarios de certidumbre viene la desconfianza en el abuso de poder y se da la ruptura de la relación; por ello, se confía con cautela porque se es consciente del riesgo a la imprevisibilidad que al presentarse deja de ser una sorpresa, y exclamamos ¡Ya lo sabía!, ¡Se los dije!

Con el objetivo de construir un nuevo orden estable hay que elegir múltiples posibilidades en la lucha por la conquista del poder político, porque los tiempos sociales son distintos y diferenciados ante una realidad simultánea que cambia, esta es una dificultad en la acción política: vincular ambos tiempos y crear plazos objetivos en crear un nuevo orden; por lo que, es escaso el tiempo para anticiparse al futuro, es el problema de los políticos.

Por esa razón, calcular el tiempo político no es un simple cálculo matemático, porque existe una lógica cognitiva, afectiva y simbólica que influye en la imagen de la concepción del tiempo lineal o cíclico de los individuos y de las sociedades; es una presión política debido a que avanza y se vuelve obsoleta si se pierde el tiempo en marcos normativos.

En tal caso, la lógica de la política no se reduce a la racionalidad formal estrecha el cálculo de la acción del tiempo en tanto continuidad a elaborar un futuro democrático, puesto que la política es un continuo enfrentamiento con lo imprevisto; además, con la racionalidad formal se cree prever y dominar los acontecimientos. Se pretenderá reducir la incertidumbre controlando el tiempo.

Sin embargo, una toma de decisiones a destiempo es parte de la incompetencia de las decisiones políticas gubernativas; establecer plazos es una acción de poder y no poder, determina los límites de lo posible, un gobernare dice “otro año más”, pero la sociedad dice “no”, aquí está el problema de poder, de lucha política y conflictos por los tiempos.

Por tanto, hay que establecer plazos en una escala de prioridades, a causa de que el tiempo se volatiza y tiene un valor temporal, así tenemos que al ampliar los plazos da una mayor libertad de elección, y acortar los plazos da una menor liberad de decisión. Es la lucha política en los países latinoamericanos. 

Por ende, los actores políticos tratan de ganar tiempo, así como tener mayor libertad de acción. En cambio pierden control y autonomía sobre los acontecimientos, si no cuentan con tiempo pierden anticiparse al futuro. Desde este punto de vista, ser realista exige un conocimiento del tiempo político y social encaminado a no ser sorprendido por el destiempo ni la incapacidad de reaccionar.

La política moderna se caracteriza por el intento de reducir la inseguridad a un conjunto de causalidades. Si pudiéramos calcular y dominar las posibilidades del futuro entonces habríamos eliminado la inseguridad. Si todo esto está bajo control, no hay problema técnico.

En atención a lo cual, el cálculo del tiempo no es una ecuación matemática. A veces los acontecimientos se precipitan y multiplican de modo tal que falta el tiempo, a veces no pasa nada, nada nuevo. Y el tiempo languidece, se estanca y se volatiza con los movimientos sociales.

Porque, la confianza depende del éxito prometido para limitar la incertidumbre, la inseguridad; cuando vienen los procesos electorales se ratifica o se revoca la confianza entregada a un gobierno, es cuando viene el tiempo nublado en el campo político.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

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