26/05/2020

Gobierno y crimen organizado

Gobierno y crimen organizado

Por Octavio Aristeo López

Los gobiernos de México y América Latina tienen un dilema: el crecimiento y desarrollo del crimen organizado por problemas económicos, políticos y sociales; además, no tienen un mejor servicio de inteligencia policiaca, y su sistema judicial no es utilizada para detener a los delincuentes, por lo que no generan confianza.

El sistema judicial es incapaz de ejercer el poder que da el derecho y la justicia, de esa manera permite que el grupo de criminales organizados desarrollen y desempeñen funciones de gobierno en el área de su influencia en la ejecución de sus propias leyes y castigos.

Cuando un gobierno es débil en recursos puede negociar acuerdos, pactos o tratos con el crimen organizado que son portadores de recursos económicos, políticos o coercitivos, y que busca el aislamiento del gobierno legal con la sociedad, por esta razón, en zonas pobres de países desarrollados, igual que México y Colombia es la desigualdad económica la que impide el gobierno imponer su autoridad en regiones de alto riesgo.

Por ejemplo, en Colombia, tuvieron una profunda transformación las bandas criminales en su desarrollo al infiltrarse en las estructuras de gobierno. Esto permitió tener un gobierno débil que favorece sus operaciones por medio de la corrupción y de la intimidación violenta, profundizan la difícil situación de estos gobiernos al buscar alianzas, acuerdos, tratos con las organizaciones  criminales.

Los pactos entre elites políticas y organizaciones criminales permiten que la actividad criminal produzca considerables flujos de dinero en efectivo y refuerza la legitimidad del gobierno trayendo votos. Estos vínculos se observan en México y Colombia, incluso en varios países del mundo: Japón, Italia, Bolivia, solo para nombrar algunos.

De aquí que, las esferas de influencia son los partidos políticos y los organismos electorales para manipular el proceso electoral y beneficiar a sus candidatos que son apoyados con recursos económicos y cuentan con clientelismo electoral en sus áreas de influencia, convirtiendo la democracia en un mercado de representaciones del crimen organizado.

Por ello, las decisiones u omisiones de la clase gobernante permiten el surgimiento y ascenso del crimen organizado. Está claro que pueden surgir redes ilegales en las estructuras del gobierno, así está sucediendo en México, la interacción de las estructuras de gobierno con el crimen organizado es un terreno fértil para construir organizaciones criminales poderosas con aliados en Estados Unidos, Asia, Europa y África Occidental.

Por lo mismo, el crimen organizado crece y se desarrolla en gobiernos débiles como es el caso de México y Colombia, se involucran en cuestiones políticas cuando buscan beneficios.

En el que, se observan lealtades políticas entre los grupos gobernantes para hacer negocios con el crimen organizado que ponen en peligro la seguridad nacional de cualquier país en el que actúan, por ejemplo, México estuve a punto de sufrir un intervencionismo militar del gobierno norteamericano al querer declarar como grupo terrorista a los narcotraficantes mexicanos. Es cuando el gobierno no funciona y pone en peligro la seguridad nacional de un país.

Por lo que, la clase política gobernante puede ser y formar parte de esa estructura del crimen organizado con el propósito de operar; esto puede variar de un país a otro, depende de la violencia y la corrupción que exista en la estructura de cada gobierno como sucede en México y en Colombia, que se recurre a la violencia y a la corrupción no solo en la sociedad en general y en el gobierno sino también en el grupo empresarial.

La corrupción, la amenaza, el uso de la fuerza es un rasgo característico del crimen organizado, es un ambiente de fraude y fuerza; se emplea la violencia física o institucional de la manera de la estructura de gobierno en calidad de medio para lograr los objetivo criminales, dentro de la cual se efectúan negocios tanto legales e ilegales.

La relación del crimen organizado con el gobierno y con los grupos de empresarios se caracteriza por una lucha de quien es más vulnerable, la violencia criminal es la fuerza  del crimen organizado a fin de defenderse, igualmente de que las actividades criminales se infiltran y manipulan las estructuras de gobierno en su beneficio y dependen de sus relaciones económicas que se expande incluso a nivel internacional, en la cual existe una dependencia mutua entre el crimen organizado y la clase política que ocupa las estructuras de gobierno del país donde actúa.

Esta evolución no es automática, el gobierno es parte importante de este crecimiento y desarrollo del crimen organizado, la clase política que ocupa las diferentes formas de estructuras gubernamentales tiene diferentes implicaciones el permitir el surgimiento y la evolución de las prácticas y actividades ilegales.

Por consiguiente, la debilidad del gobierno es importante para que exista un vacío y sea ocupado por este pillaje extremo de un grupo corporativo consolidado emergente, con sectores y organizaciones incrustadas dentro del gobierno y sus recursos económicos son utilizados para confrontar al gobierno que le es adverso.

Un mal gobierno, es el refugio del crimen organizado, porque un mal gobierno y los conflictos civiles de diferente naturaleza debilita a los gobiernos y las estructuras de control social, ya que el crimen organizado puede manipular a poblaciones enteras por el retraso económico y las desigualdades sociales puede enfrentarlas al gobierno, esto les permite luchar por el acceso al poder, ser conservadores y reaccionarios ante los cambios.

Es cierto, que los gobiernos toleran algunos grados de actividad ilícita y la presencia de redes ilegales, esto permite que los gobiernos sean vulnerables en la obtención de beneficios, y su debilidad depende del nivel de autonomía con el crimen organizado, que puede ser cautivo, impotente, inefectivo o débil.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

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