31/10/2020

Relajan medidas sanitarias en mercados de Guadalajara

Para permitir la reapertura de negocios no esenciales, los gobiernos municipales y el del Estado les exigieron a sus propietarios que aplicaran un protocolo sanitario para recibir a los clientes con el menor riesgo de contagios de COVID-19. Pero en los mercados de la ciudad, las medidas son más relajadas.

Tras un recorrido por los mercados del primer cuadro de Tlajomulco, Tlaquepaque, Tonalá, Zapopan y Guadalajara, se constató que en todos hay carteles con recomendaciones generales para evitar contagios, pero en la mayoría de ellos las autoridades dejaron de lado la instalación de filtros sanitarios. 

Tampoco hay tapetes sanitizantes, termómetros digitales para la toma de temperatura en el ingreso ni entrega de gel antibacterial. Mucho menos se vigila que todos los clientes usen cubrebocas, lo cual es obligatorio durante la “Fase 0” de la reactivación económica en Jalisco.

Sólo el mercado municipal de Tlaquepaque instaló dos cercos con vallas en donde un inspector, acompañado por un policía, pide a los visitantes que usen mascarilla y les entrega un poco de gel antibacterial. Tampoco permite la entrada a mujeres embarazadas ni a menores de edad. Adentro, otro inspector supervisa que los locatarios cumplan con las medidas de higiene. 

En el mercado Felipe Ángeles, la administración estableció dos puertas de entrada y dos de salida.

Sin embargo, según los vendedores, “sólo a veces” miden la temperatura o entregan cubrebocas. La mesa directiva de ese espacio pidió 200 pesos a los locatarios para comprar tapetes sanitizantes y cloro.

Aun con la pandemia en su momento más alto, pocos mercados de la metrópoli han adaptado medidas de “sana distancia”. En ciertas horas, éstos lucen abarrotados.

Con careta, lentes, cubrebocas, sombrero, manga larga y hasta guantes quirúrgicos. Así es como Julieta sale a hacer sus compras al mercado municipal de Zapopan.

Ella tiene 80 años y, aunque reconoce que pertenece a un sector vulnerable ante la pandemia de COVID-19, y que es mejor permanecer en casa, en ocasiones considera necesario salir a surtirse de ciertos insumos que sus vecinos no pueden llevarle a casa.

Lo hace una vez cada 15 días, pero siempre “equipada” con lo que le recomendó su médico de cabecera, y cuidando no acercarse demasiado a otros compradores. 

“Mi doctor es joven, y cuando le dije que salía a la calle se preocupó mucho. Yo me preocupé más por él y por eso le hice caso de salir así”, dice Julieta durante su visita al mercado, la cual ha aprovechado para comprar miel y un trozo de sábila.

El “escudo” que lleva puesto atrae todas las miradas. Su figura contrasta con las decenas de visitantes y comerciantes que, sin miedo, entran, salen y despachan con los cubrebocas mal puestos, e incluso, sin ellos. 

Regularmente son sus vecinas quienes le ayudan a comprar la despensa y los insumos que le hacen falta. Cuenta que todos los días, antes de ir a la tienda, la carnicería o la frutería, pasan por su casa para preguntarle qué necesita y así evitan que se exponga en la calle.

También los garrafones de agua se los llevan a domicilio. Sin embargo, le molesta que el repartidor no use cubrebocas mientras hace las entregas. 

“No es justo que uno se ande cuidando tanto para que los demás no puedan tener la consideración de cuidarse a sí mismos, poniendo en riesgo también a los demás”. Por eso le dará un ultimátum: o se pone mascarilla o cambiará de repartidor.

Por el Informador

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *