24/10/2020

Enfrenta enfermera a Covid, cansancio, muerte…

“Me dicen que Dios le da sus batallas a los mejores soldados. Les digo: ‘no, pues me confundió con Rambo’. Qué va a ser, qué va a ser, si estoy hecha pedazos”.

Con esta frase, la enfermera Isabel Ornelas hace referencia a lo que ha vivido durante la pandemia de Covid-19 en México.

Además de atender a pacientes graves con esta enfermedad durante tres meses, del cansancio, de trabajar como suplente por un salario de 2 mil pesos quincenales, a veces sin la protección adecuada, se enfrentó a la muerte de su hermana.

Con 48 años, Gabriela Ornelas falleció el 31 de mayo por Covid-19. Ella era médica urgencióloga en el hospital del IMSS de Uruapan, Michoacán. Dejó una hija de 16 años, de la que ahora se harán cargo su abuela, de 80 años, y su tía.

Desde entonces, la enfermera Isabel enfrenta el duelo que le generó esta pérdida y la presión de su familia que, temerosa de que ella también se contagie en el hospital del ISSSTE donde laboraba, le pidió que pausara su trabajo en esa unidad médica.

“Mi mamá es una mujer muy fuerte, pero ahorita está mal y tiene mucho miedo. Diario, diario, me dice: ‘hija, ¿te estás cuidando? Júrame que sí te estás cuidando, porque no aguantaría yo dos muertes de mis hijas’. Mi mamá da por hecho que, si me contagio, me moriría. Es su miedo”.

Ante esta situación, Isabel decidió pausar su trabajo en el hospital y ahora cuida a adultos mayores a domicilio. Sin embargo, enfrenta también la pena de dejar de hacer lo que más le gusta en momentos en los que, considera, más debería ayudar.

“Si fuese sola, yo con gusto seguiría. Me da mucha tristeza porque me encanta mi trabajo en el hospital, pero no puedo tener llorando a mi mamá, no puedo tener a mi sobrina diciéndome: ‘tía, es que, si tú me faltas, qué voy a hacer'”, indica Isabel.

“Mi familia no ocupa una ‘héroe’, ocupa una madre, y he decidido dejar por ahora el hospital Covid”, agrega.

La enfermera, de 42 años, reconoce que también necesita terminar de elaborar el duelo por su hermana, pues le sigue afectando que no le permitieron cuidarla cuando estuvo hospitalizada.

“Yo pedí permiso, porque yo estoy preparada para esto, pero como son diferentes instituciones (de salud), no me otorgaron el permiso de ir a cuidarla yo y no la vi. Nunca imaginé que fuera ella a morirse primero.

“Era de esas hermanas que son las mejores hermanas, las mejores tías. De ésas que son generosas. No porque haya fallecido, en verdad. De ésas que les hablas: ‘me siento mal'”, recuerda.

Aunque dejó el hospital por ahora, Isabel continúa con jornadas de hasta 36 horas continuas cuidando a personas a domicilio. Pese a todo lo que está viviendo, tiene un objetivo claro: trabajar y ahorrar para poder inscribir a la mayor de sus tres hijas “en una buena universidad”.

“Esta pandemia nos va a dejar muy marcados, pero la verdad es que la vida ya me ha arrastrado así, recio, pero no me ha acabado. ¿Por qué? Porque tengo que trabajar por las chiquillas”, afirma.

Por Grupo Reforma

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