Oaxaca de Juárez se encuentra, una vez más, bajo el asedio de protestas magisteriales que han paralizado la vida económica y social de la capital. La Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en su tercer día de una huelga indefinida, ha implementado cinco bloqueos carreteros estratégicos que sitian la ciudad, cortando las principales vías de comunicación y afectando directamente a la ciudadanía. La situación ha escalado al punto de que el sindicato de burócratas, que aglutina a cerca de 10 mil trabajadores, decidió suspender labores en las dependencias gubernamentales, incluyendo la Ciudad Judicial y la Ciudad Administrativa, amplificando el caos y el descontento.
La jornada de lucha, iniciada el pasado lunes 25 de mayo, es la culminación de demandas históricas y recientes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Entre sus exigencias centrales se encuentran la instalación de una mesa tripartita de negociación que dé respuesta a sus peticiones, la abrogación de la ley del ISSSTE –un punto recurrente en su pliego petitorio– y un aumento salarial del 100 por ciento, una cifra ambiciosa que busca reivindicar el poder adquisitivo de los docentes. El primer día de esta movilización se caracterizó por una multitudinaria marcha que concluyó con la instalación de un plantón indefinido en el Zócalo y en 20 calles del Centro Histórico de Oaxaca, marcando el inicio de una estrategia de presión bien conocida en el estado.
Impacto Paralizante: Estrategia y Consecuencias
La estrategia de “movilización-negociación-movilización” ha sido un sello distintivo de la Sección 22 durante 46 años, e implica una serie de acciones que van desde marchas y plantones hasta la toma de oficinas, cierre de centros comerciales y, en esta ocasión, el bloqueo masivo de carreteras. Los 82 mil trabajadores de la Sección 22 han abandonado las aulas, dejando a más de 874 mil estudiantes sin clases, una cifra que subraya la magnitud del impacto en la educación. Los puntos de bloqueo han sido cuidadosamente elegidos para estrangular el acceso a la capital desde distintas direcciones: los maestros de la Cañada, Mixteca y el sector Etla bloquearon el entronque de la supercarretera Oaxaca-México y la vía a Puebla; los de la Sierra, Istmo y Tlacolula en el entronque de Mitla, afectando la comunicación con el Istmo de Tehuantepec y Chiapas. La “Y griega” de la colonia González Guardado fue tomada por docentes de la Costa, Zimatlán, Ocotlán y Miahuatlán, obstruyendo el paso a destinos turísticos como Puerto Escondido y Huatulco. El Monumento a Juárez, en Santa Cruz Xoxocotlán, fue punto de concentración para los maestros de la ciudad y su periferia, mientras que el crucero Huayapam fue bloqueado por los de Tuxtepec y el sector Estatales, cortando la conexión con Veracruz.
Esta movilización, que cuenta con el 80% de su membresía en el estado de Oaxaca y un 20% en la Ciudad de México, refleja la capacidad de organización y la determinación del magisterio oaxaqueño. Sin embargo, la interrupción de servicios públicos esenciales, el colapso vial y la suspensión de labores en dependencias gubernamentales han generado un profundo malestar entre la población que día a día padece los estragos de estas prolongadas protestas. El pulso entre las autoridades y el magisterio se mantiene tenso, con la capital de Oaxaca sumida en una incertidumbre que exige una pronta solución a un conflicto con profundas raíces.
Con información de: Nacional – Proceso.

