La industria turística cubana enfrenta un nuevo y contundente revés con la retirada, total o parcial, de dos de sus operadores hoteleros más importantes: el grupo español Iberostar y el canadiense Blue Diamond. Ambas cadenas han anunciado el cese de sus operaciones, una decisión que, aunque oficialmente justificada por “limitaciones operativas” y “adaptación al entorno regulatorio”, se inscribe en un complejo escenario marcado por un colapso energético sin precedentes y la creciente presión ejercida por la administración de Estados Unidos.
En el caso de Iberostar, el segundo mayor grupo hotelero con presencia en Cuba, la medida impacta directamente a 12 de los 16 establecimientos que gestionaba en la isla. La clave de esta decisión radica en su vinculación con Gaviota, una filial de Gaesa (Grupo de Administración Empresarial S.A.), el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas. Si bien Iberostar mantendrá su operativa en otros cuatro hoteles no vinculados a Gaesa, su compromiso con los establecimientos de Gaviota cesará progresivamente, con efecto total a partir del 1 de junio de 2026. Por su parte, Blue Diamond, la tercera hotelera de Cuba, ha optado por una salida más drástica, anunciando el cese de todas sus operaciones “con efecto inmediato” el pasado viernes, afectando a decenas de hoteles bajo sus diversas marcas en destinos clave como La Habana, Varadero y Cayo Largo del Sur.
El Escenario Geopolítico y Energético: Presión Estadounidense y Crisis en la Isla
La retirada de estas potentes marcas no es un evento aislado, sino la cristalización de una campaña de “máxima presión” de Washington sobre La Habana. La administración Trump ha implementado un embargo petrolero de varios meses y, más recientemente, una orden ejecutiva que promete sancionar a partir del 5 de junio a personas o empresas con lazos económicos con Gaesa. Aunque ninguna de las hoteleras ha vinculado directamente su salida a estas presiones, el contexto es ineludible. Este éxodo se suma al de otros actores económicos relevantes, como la empresa minera canadiense Sherritt, que suspendió su joint venture en la extracción de níquel y cobalto, y varias aerolíneas europeas que han cancelado vuelos debido a la incapacidad de repostar combustible en la isla. Este efecto dominó dibuja un panorama sombrío para la inversión extranjera.
La situación es aún más crítica para los cubanos de a pie. El colapso energético se traduce en largos apagones que se extienden por 20 a 22 horas diarias en algunas zonas, afectando gravemente la vida cotidiana, el funcionamiento de hospitales, escuelas y empresas. A mediados de mayo, el propio ministro de Energía cubano, Vicente de la O Levy, reconoció la severa escasez de combustible, atribuyéndola directamente al “bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos”, que ha diezmado las importaciones. Con reservas de diésel y fueloil prácticamente agotadas, el sistema energético cubano se encuentra en una situación límite, dependiente casi exclusivamente del gas de sus propios pozos.
El abandono de Iberostar y Blue Diamond es un golpe devastador para la ya “tambaleante industria turística cubana”, como señala el corresponsal de la BBC en Cuba, Will Grant. Este sector, vital para la economía de la isla, ve comprometida su capacidad de atraer divisas y generar empleo en un momento de extrema vulnerabilidad. La combinación de presiones externas, una infraestructura energética colapsada y una crisis humanitaria creciente configura un desafío monumental para el gobierno cubano y augura tiempos aún más difíciles para la población, que sigue soportando las consecuencias de un bloqueo recrudecido y una economía en declive.
Con información de: BBC Mundo.

