La fascinación global por el açaí, valorado por sus propiedades nutritivas, esconde un preocupante impacto ambiental en la Amazonía brasileña. Un reciente estudio científico advierte que la expansión de su cultivo intensivo está provocando una alarmante disminución de la diversidad de aves en los cruciales bosques inundables de la región. Esta creciente demanda, tanto a nivel nacional como internacional, está transformando ecosistemas de vital importancia ecológica, según publicaciones en ScienceDirect y Mongabay.
La investigación, liderada por biólogos de la Universidad Federal de Pará, monitoreó 36 áreas forestales con plantaciones de açaí en diversos municipios, incluyendo Belém e Igarapé-Miri, conocida como la “capital mundial” del fruto. Los hallazgos revelaron que las zonas con mayor concentración de palmeras de açaí experimentan una reducción del 28% en el número de especies de aves. Raphael de Vasconcelos Nunes, coautor del estudio, explicó que la eliminación de vegetación para favorecer las palmeras disminuye la variedad de hábitats, afectando no solo a aves frugívoras sino también a insectívoras, alterando la cadena trófica.
Este “efecto dominó” impacta directamente a dispersores de semillas y polinizadores, esenciales para la regeneración del bosque, y contribuye a la homogeneización biótica, según Madson Freitas, autor principal del estudio. Mientras especies generalistas como el bienteveo grande logran adaptarse, otras más especializadas, como el ermitaño colilargo o el tucán de garganta blanca, ven mermada su presencia o desaparecen. La producción brasileña de açaí se ha multiplicado por catorce desde 1987, alcanzando 1,9 millones de toneladas en 2024, con Pará concentrando el 95% de la actividad y experimentando un explosivo crecimiento en exportaciones.
Ante este panorama, los expertos proponen desalentar los monocultivos y fomentar actividades productivas alternativas para las comunidades ribereñas, como el cacao o la andiroba, buscando generar ingresos sin comprometer la selva. Danielle Leal Ramos, de la Universidad de Exeter, subraya que el alejamiento de las prácticas tradicionales reduce la biodiversidad y conlleva riesgos económicos a largo plazo. La discusión central radica en cómo conciliar la creciente demanda global con una bioeconomía que realmente proteja la riqueza natural de la Amazonía.
Con información de Infobae.

