Tras casi diez meses fuera del territorio nacional, María Corina Machado, destacada figura de la oposición venezolana, ha regresado al país. Su llegada fue rápidamente confirmada a través de sus redes sociales y por el excandidato presidencial Edmundo González, generando una oleada de mensajes y movilización. Las primeras imágenes la mostraron en la Iglesia de Santa Rosa, en Barquisimeto, donde fue recibida por una multitud eufórica que coreaba lemas de apoyo y libertad, evidenciando la expectación que rodeaba su retorno.
El camino de vuelta para Machado no fue exento de obstáculos. Durante los últimos tres meses, se registraron al menos siete intentos de ingreso que fueron bloqueados o cancelados desde diferentes puntos, incluyendo Estados Unidos, Panamá y Curazao. Aunque no se ha confirmado públicamente quién impidió sus viajes, se especula que su regreso dependía de la aprobación estadounidense. Este retorno plantea un doble desafío: para Washington, que según reportes previos, habría intentado aplazarlo; y para el chavismo, que la considera una de sus principales adversarias y había invertido esfuerzos en debilitar su liderazgo, aunque ahora algunos de sus líderes sugieren que su vuelta podría incluso beneficiarlos políticamente.
La líder opositora regresa con el firme propósito de involucrarse activamente en la política venezolana. Pese a gozar de una alta aprobación entre los ciudadanos, su influencia en las decisiones cruciales del país era limitada mientras permanecía en el extranjero. Su estrategia de lobby desde el exterior, manejada desde Washington y Panamá, buscaba precisamente consolidar este regreso, fundamental para su futuro político y para liderar a la oposición ante un incierto escenario electoral. Su presencia en el país redefine el panorama político interno y externo en un momento crítico para la nación.
Con información de El País.

