Más allá de la destreza al volante, pilotar un Fórmula 1 implica dominar una sofisticada interfaz tecnológica: el propio volante. Este componente crucial no es solo un medio para dirigir el monoplaza, sino un verdadero centro de comando. En la actualidad, estos volantes de alta ingeniería integran entre veinte y treinta y cinco botones, perillas y levas, permitiendo controlar más de cincuenta funciones distintas, de las cuales entre diecisiete y veinticinco son de uso principal.
Aunque cada escudería personaliza su diseño, las funciones esenciales se mantienen. Destacan las levas superiores para cambiar marchas: la derecha para ascender y la izquierda para reducir. Las paletas inferiores son el embrague, vital en el preciso momento de la salida de carrera para optimizar la tracción. La potencia adicional se gestiona con el botón de “Overtake” o “Boost”, que libera energía eléctrica del sistema híbrido (ERS) para adelantar rivales.
La configuración fina del auto se realiza mediante perillas como el “Brake Balance”, que ajusta la distribución de la frenada entre ejes, y el “Diferencial” (DIFF), que regula la transferencia de potencia en curvas. El “Modo de Motor” permite adaptar el rendimiento según la estrategia, ya sea para ahorrar combustible, mantener el ritmo o desplegar la máxima potencia. La comunicación constante con el ingeniero de pista es posible gracias al botón de “Radio”, mientras que el “Limitador de Velocidad en Pits” asegura la correcta circulación por el carril de boxes.
Funciones adicionales como el “Punto Muerto” (Neutral) para la caja de cambios y el sistema de hidratación completan este panel. Además, las luces LED y la pantalla central proveen información vital en tiempo real, desde las revoluciones óptimas para el cambio de marcha y los tiempos por vuelta, hasta la temperatura de los frenos y la presión de los neumáticos, todo ello esencial para el rendimiento y la seguridad del piloto.
Con información de El Universal.

