Bogotá, Colombia – En un giro político que desafía las convenciones, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se encuentra en las postrimerías de su mandato con niveles de popularidad que expertos califican de “altos e inusuales”. Este fenómeno contrasta drásticamente con la tendencia de sus predecesores y, lo que es más importante, proyecta una sombra definitoria sobre las inminentes elecciones presidenciales del próximo domingo, convirtiéndolas en una especie de plebiscito sobre su gestión y el futuro de su proyecto político.
Hace apenas unos meses, en noviembre de 2023, cuando las encuestas mostraban una imagen presidencial a la baja, Petro desafió el pronóstico, afirmando en X: “Si las elecciones fueran mañana, volveríamos a ganar”. Su predicción, entonces vista con escepticismo, ha cobrado una nueva resonancia. Después de un inicio con aprobación positiva, su popularidad se desplomó, alcanzando un mínimo alarmante en diciembre de 2023, cuando la encuesta Invamer reveló que solo el 26% de los colombianos aprobaba su gestión, frente a un 66% de desaprobación. Factores como la inseguridad, el costo de vida y el estancamiento de reformas prometidas en salud, trabajo y pensiones eran las principales preocupaciones. Este declive llevó a muchos a prever un final de mandato impopular, siguiendo los pasos de Iván Duque y Juan Manuel Santos. Sin embargo, la trayectoria se invirtió abruptamente, con Invamer registrando una aprobación del 49.1% en febrero de este año, superando la desaprobación en tres puntos. Aunque la última medición muestra un ligero descenso al 45.8%, este índice sigue siendo casi 20 puntos superior a su punto más bajo, consolidando una recuperación notable.
La Anatomía de una Resurgencia Inesperada
La singularidad de esta recuperación tardía no ha pasado desapercibida en el panorama político latinoamericano, donde el desgaste presidencial suele ser la norma. Patricia Muñoz Yi, docente de ciencia política de la Universidad Javeriana y especialista en opinión pública, subraya a BBC Mundo que “si hubo un punto en común en diferentes estudios de opinión pública fue precisamente que el presidente Petro había aumentado sus niveles de favorabilidad y respaldo”. Los analistas atribuyen esta mejora a decisiones estratégicas tomadas durante la actual campaña. Una de las más destacadas fue el decreto de un aumento del salario mínimo de casi el 23% para este año, elevándolo a aproximadamente 460 dólares. Esta medida, si bien popular entre amplios sectores de la población, generó advertencias desde el ámbito empresarial sobre un posible aumento de los costos laborales, una reducción en la creación de empleo y una presión inflacionaria. De hecho, la inflación anual en Colombia alcanzó el 5.68% en abril, y la economía creció un 2.2% en el primer trimestre.
El resurgimiento de la popularidad de Gustavo Petro no es meramente una estadística; es una fuerza política activa que moldea el panorama electoral. Pese a que la Constitución le impide buscar la reelección, la imagen del presidente se ha convertido en un eje central de la campaña. La suerte del candidato oficialista, el senador de izquierda Iván Cepeda, quien lidera las proyecciones de intención de voto, parece indisolublemente ligada al capital político de Petro. Estas elecciones, por tanto, van más allá de la elección de un nuevo líder; se han transformado en una evaluación de la primera presidencia de izquierda en la historia de Colombia. El inesperado y sostenido respaldo a Petro en la recta final de su gobierno no solo redefine su legado, sino que también establece un precedente en la política colombiana, demostrando que, incluso frente a pronósticos adversos, la narrativa presidencial puede ser reescrita hasta el último momento.
Con información de: BBC Mundo.

