CIUDAD DE MÉXICO.- La Cámara de Diputados fue escenario este martes de una de las jornadas más álgidas y polarizadas de la actual legislatura, donde el debate sobre la crucial reforma al Poder Judicial escaló a una confrontación directa entre legisladores. En el epicentro de la polémica, la diputada del Partido del Trabajo (PT), Lilia Aguilar, lanzó una enérgica demanda a la presidenta de la Mesa Directiva, la panista Kenia López Rabadán, instándola a “hacer valer su autoridad o hacerse a un lado” tras un altercado que estuvo a punto de desembocar en una gresca física entre bancadas.
La chispa que encendió los ánimos la prendió el diputado priista Carlos Mancilla, quien, durante su intervención, acusó de “asesino” a su homólogo de Morena, Leonel Godoy. Esta grave imputación no solo generó la airada reacción del aludido, quien exigió el retiro de Mancilla de la tribuna una vez agotado su tiempo, sino que también desató un caos generalizado. A pesar de la petición de Godoy y de la propia López Rabadán, Mancilla se negó a ceder el podio, lo que provocó que otros legisladores subieran al estrado, exacerbando la tensión y la cercanía de una contienda. En este contexto de desorden, la diputada Aguilar tomó la palabra para exigir un control más firme por parte de la presidencia.
Escalamiento de la Tensión en San Lázaro
Con un tono contundente, Lilia Aguilar dirigió sus palabras directamente a López Rabadán, argumentando que la actitud del diputado Mancilla era un reflejo de tácticas disruptivas, “al puro estilo de su dirigente nacional”, buscando “traer violencia a esta Cámara de Diputados”. La petista fue más allá, señalando que era “una atribución de la Presidencia de la Cámara de Diputados no solamente llamar al orden, sino, dado que son sus aliados, no seguir el juego que está haciendo el diputado Mancilla”. Ante lo que consideró una falta de control, Aguilar solicitó que, si la presidenta no podía manejar la asamblea, permitiera que el diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna, vicepresidente de la Mesa Directiva, tomara el control de la sesión.
La respuesta de Kenia López Rabadán no se hizo esperar. Visiblemente molesta, calificó las palabras de la diputada Aguilar como “absolutamente reprochables” y “violentísimas”. La legisladora panista defendió su actuar, afirmando haber tratado siempre con respeto tanto a Aguilar como a su grupo parlamentario y a todas las bancadas. Reconoció, sin embargo, la polarización extrema del debate en curso, optando por no entrar en una discusión sobre la acusación de “violencia” para no alimentar más la confrontación. Este incidente subraya la profunda división y la fragilidad del ambiente legislativo en torno a temas de alta sensibilidad política.
Este episodio no es un hecho aislado, sino un claro indicador de la efervescencia política y la creciente crispación que caracteriza las discusiones en el Congreso, especialmente cuando se abordan reformas estructurales de gran calado como la del Poder Judicial. La exigencia de Lilia Aguilar a Kenia López Rabadán, y la consecuente reacción de la presidenta, revelan no solo un choque de personalidades, sino una disputa por la narrativa y el control del orden parlamentario que trasciende el mero reglamento. El incidente plantea serias interrogantes sobre la capacidad de los liderazgos legislativos para garantizar un debate constructivo y el respeto a la investidura en un escenario político cada vez más fragmentado y pasional.
Con información de: Nacional – Proceso.

