La estrategia de Ucrania en el conflicto ha virado notablemente, enfocándose ahora en infraestructuras vitales de Rusia mediante ataques con drones de largo alcance. Esta ofensiva silenciosa ha comenzado a generar un impacto tangible en la economía rusa, un costo que el propio presidente Vladimir Putin reconoció recientemente. Si bien el mandatario ruso minimizó las consecuencias, admitiendo una afectación cercana al 1% del Producto Bruto Interno, lo que representa unos 25.000 millones de dólares, la magnitud de la cifra indica una presión sostenida sobre sectores clave.
Uno de los flancos más vulnerables expuestos por esta campaña ha sido el sector de los combustibles. Según análisis especializados, los ataques a las refinerías rusas han provocado una caída drástica en el procesamiento de crudo, reduciendo millones de barriles diarios. Esta situación ha obligado a Moscú a tomar medidas extraordinarias, incluyendo la importación de carburante desde India y la flexibilización de sus estándares de calidad, incluso prohibiendo la exportación de diésel para asegurar el suministro interno. Los ciudadanos ya resienten este panorama con un aumento considerable en el precio de la gasolina, complicando los esfuerzos del banco central por contener la inflación.
Paralelamente, la infraestructura del comercio electrónico ha emergido como otro objetivo prioritario. Múltiples ataques con drones han impactado centros logísticos de las mayores plataformas rusas, resultando en incendios devastadores y la pérdida de miles de millones de dólares en inventario para pequeños vendedores. Estas pérdidas directas y proyectadas han generado inquietud en el sistema financiero. La caída del valor de las acciones de grandes bancos estatales con exposición en estas empresas es un claro indicador, mientras la población, afectada también por los cortes preventivos de internet móvil durante las alertas de drones, muestra una creciente preferencia por el efectivo sobre los depósitos bancarios, un fenómeno sin precedentes en la economía rusa.
Más allá de los sectores energético y digital, la ofensiva con drones ha tocado también áreas menos visibles pero fundamentales, como la agricultura y la aviación. Los puertos del mar Negro y de Azov han sido blanco de ataques que han mermado drásticamente las exportaciones de cereales rusos, provocando un excedente interno que desploma los precios para los productores y lleva a regiones agrícolas a declarar emergencias. Al mismo tiempo, el espacio aéreo ruso ha experimentado un aumento exponencial en los cierres de aeropuertos, una medida defensiva que perturba la conectividad y el flujo de personas, evidenciando cómo la campaña ucraniana está logrando una disrupción multifacética que se extiende por todo el territorio ruso.
Con información de Infobae.

