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“En ‘Monster’ traté de arrojar luz sobre quienes son incapaces de adaptarse a la sociedad”

porANTENAMASTER

Mar 19, 2024
“En 'Monster' traté de arrojar luz sobre quienes son incapaces de adaptarse a la sociedad”

El mayor conocimiento que podemos transmitir es la empatía”, afirmó John Cameron Mitchell, cineasta detrás del musical queer Hedwig and the Angry Inch. Habló en su calidad de presidente del jurado de la Palma Queer, que se entregó en el pasado festival de cine de Cannes, mientras otorgaba el premio a Monster, de Hirokazu Kore-eda.

La cinta es una historia de dos chavos de escuela que encuentran, el uno en el otro, un amor joven e inocente. Nosotros, como personas queer, que no podemos ni queremos conformarnos, honramos esta película porque su realizador entiende que el forastero es un chamán, continuó Cameron Mitchell. El forastero posee conocimientos secretos que son vitales para la evolución y supervivencia de nuestra sociedad.

Kore-eda, de 61 años, ha pasado gran parte de su carrera explorando la vida de los forasteros, ya sea la afligida Yumiko en su revolucionaria película Maborosi, de 1995, el sin suerte Ryota en After the Storm, de 2016, o la familia de pequeños ladrones en Shoplifers, ganadora de la Palma de Oro en 2018.

Pero la reciente película del director lo ve aventurarse en un territorio nuevo y delicado.

“Cuando le dieron (la Palma Queer) escuché al jurado leer los comentarios. Dijeron que se trataba de una película que arrojaba luz sobre las personas que no eran capaces de adaptarse a la sociedad”, afirma Kore-eda. Me hizo pensar, en realidad, sí, eso es más o menos lo que estaba tratando de hacer.

A lo largo de su carrera, Kore-eda ha sido comparado en forma amplia (y ligeramente reduccionista) con el director de Tokyo Story, Yasujirō Ozu, uno de los grandes maestros del cine discreto, en gran parte debido al poder y el aplomo de sus dramas realistas. Y, sin embargo, Monster ha generado comparaciones con ese otro titán del cine japonés de la época dorada: Akira Kurosawa, y su clásico Rashomon, que cambia la perspectiva. No se me ocurre nadie a quien no le gustaría que lo compararan con Kurosawa, admite Kore-eda. Pero en cierto modo es vergonzoso, porque sus películas son obras maestras.

Sin embargo, como señala, las comparaciones son algo engañosas. Un punto más cercano para ello, sostiene Hirokazu, sería el drama Elephant, de Gus Van Sant, de 2003, que narra el asesinato de varios alumnos de una escuela por un adolescente.

Después de firmar para dirigir el guion de Yuji Sakamoto, consultó con una organización que apoya a los niños LGBT+. Conseguimos que algunos expertos lo leyeran y se dieron cuenta de que al principio estaba un poco confuso, comparte. Había partes en las que este chico principal era obviamente consciente de que era gay, pero había otras partes en las que no parecía ser consciente de ello, y se preguntaba qué era, y buscaba, y había un poco de confusión. Me dijeron que cualquiera de las versiones sería bastante plausible en la sociedad actual, pero me aconsejaron que eligiera una versión u otra. Lo revisé ligeramente para eliminar las partes en las que es obvio que sabe que es gay.

En Occidente, la intersección entre lo queer y la infancia puede ser una cuestión tensa y politizada. Si bien un puñado de películas han sido elogiadas por sus representaciones sensibles de la mayoría de edad LGBT+, como Close, de Lukas Dhont, o Moonlight, de Barry Jenkins, ganadora del Óscar, el acto mismo de representar a niños gay en la pantalla sigue abierto a controversia.

CON INFORMACIÓN DE LA JORNADA

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