El béisbol profesional en México se tiñe de luto tras confirmarse el asesinato de Enrique Quiñónez, un histórico lanzador y emblemática figura de los Tomateros de Culiacán en la Liga Mexicana del Pacífico. El trágico suceso ocurrió en Mazatlán, Sinaloa, generando una profunda conmoción entre aficionados, cronistas, directivos y excompañeros, quienes lamentaron la violenta partida de uno de los brazos más recordados de la época dorada del club guinda.
Los primeros informes policiales detallan que la agresión armada tuvo lugar en una zona urbana del puerto mazatleco, donde individuos armados interceptaron al exdeportista y le dispararon a quemarropa. Tras recibir múltiples impactos, la víctima falleció en el lugar, hecho confirmado por paramédicos que acudieron al llamado de auxilio. Elementos de seguridad acordonaron la zona para que peritos de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa recolectaran los indicios balísticos y otras evidencias. Paralelamente, se abrió una carpeta de investigación por homicidio doloso, aunque hasta el momento no se han reportado detenciones vinculadas al hecho.
Enrique Quiñónez forjó un nombre imborrable en la historia del béisbol mexicano, destacando en los diamantes de la LMP con los Tomateros de Culiacán. Se caracterizó por su temple en el montículo, su comando de lanzamientos rompientes y una gran efectividad que lo llevó a protagonizar duelos memorables. Su trayectoria con la franela guinda estuvo marcada por actuaciones dominantes, tanto en rol regular como en postemporada, ganándose el cariño y respeto de la exigente fanaticada culichi, siendo también reconocido por su caballerosidad y su labor como mentor de jóvenes prospectos.
La noticia de su fallecimiento desató una inmediata ola de solidaridad y pesar en redes sociales y círculos deportivos de todo el país. La directiva de los Tomateros de Culiacán, junto con otros clubes de la LMP y la Liga Mexicana de Béisbol, expresaron sus condolencias a familiares y allegados, resaltando la huella imborrable que dejó en la institución y en la historia de la pelota nacional. Su partida deja un vacío irreparable en la memoria deportiva sinaloense, apagando la vida de un referente cuya pasión en el montículo inspiró a varias generaciones de peloteros en el noroeste mexicano.
Con información de Infobae.

