La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) ha concluido su mandato sin lograr el objetivo de organizar la consulta de autodeterminación para la que fue establecida en 1991. Esta decisión, dictada por el Consejo de Seguridad de la ONU y marcada por vetos cruzados entre Estados Unidos y Rusia, agrava la preocupación internacional por la inminente escalada del conflicto en un territorio largamente olvidado.
A lo largo de sus más de tres décadas, MINURSO evolucionó de una misión encargada de un referéndum a un mero equipo de observadores de una guerra de baja intensidad, incapaz de mediar ante el estancamiento de las partes. El frágil alto el fuego que Marruecos y el Frente Polisario habían mantenido durante 35 años se quebró en 2020, coincidiendo con el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre la región. Actualmente, Rabat controla el 80% del Sáhara Occidental, mientras el Frente Polisario insiste en su independencia, con enfrentamientos esporádicos a lo largo del muro de separación.
Tras la extinción del mandato, Marruecos ha urgido la salida de MINURSO del territorio y ha manifestado su deseo de que la cuestión del Sáhara se retire de la agenda de Naciones Unidas, buscando resolver el contencioso mediante acuerdos bilaterales o regionales. Sin embargo, el Frente Polisario, a través de su delegado ante la ONU, Sidi Mohamed Omar, ha insistido en que el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui es una “línea roja” innegociable para este territorio que aún figura en la lista de la ONU como “no autónomo”. La ausencia de los observadores internacionales eleva significativamente el riesgo para la estabilidad regional.
Con información de El País.

