Una declaración de la candidata presidencial, Claudia Sheinbaum, dirigida al titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ha encendido las alarmas en el ámbito de la conservación ambiental. En un video que circula ampliamente, Sheinbaum es enfática al instruir: “No cumplas con la norma”. Esta frase, pronunciada con aparente determinación, ha generado un intenso debate sobre las prioridades de la próxima administración frente a la protección del vasto patrimonio natural de México, poniendo en tela de juicio la autonomía y la función regulatoria de una de las instituciones clave para la salvaguarda de la biodiversidad del país.
La CONANP es una entidad fundamental encargada de administrar, proteger y conservar las Áreas Naturales Protegidas (ANP), que abarcan una parte significativa del territorio nacional y albergan una biodiversidad excepcional. La instrucción de “no cumplir con la norma” puede interpretarse de diversas maneras, pero la más preocupante apunta a una potencial flexibilización o incluso omisión de las regulaciones ambientales existentes. Esto podría tener ramificaciones graves para proyectos de infraestructura, desarrollo turístico o actividades extractivas que, de otro modo, estarían sujetos a estrictos procesos de evaluación y mitigación de impacto ambiental, abriendo la puerta a decisiones que privilegien la celeridad sobre la sostenibilidad.
La Encrucijada de la Conservación: Entre la Norma y la Celeridad Gubernamental
La “norma” a la que Sheinbaum alude podría referirse a trámites burocráticos excesivos, evaluaciones de impacto ambiental rigurosas o cualquier otra disposición legal que, desde su perspectiva, ralentice el progreso o la ejecución de proyectos prioritarios. Sin embargo, la esencia misma de las Áreas Naturales Protegidas reside en la aplicación estricta de estas normas para garantizar la perpetuidad de sus ecosistemas y las especies que los habitan. Desafiar este principio fundamental podría sentar un precedente peligroso, erosionando la base legal y técnica que sustenta la protección ambiental en México y exponiendo zonas de alto valor ecológico a riesgos irreparables.
Expertos en derecho ambiental y organizaciones no gubernamentales ya han manifestado su preocupación, señalando que cualquier flexibilización o desprecio por la legislación vigente podría llevar a consecuencias irreversibles para la flora y fauna, así como para las comunidades locales que dependen de los servicios ecosistémicos. Históricamente, la tensión entre desarrollo económico y conservación ha sido un punto álgido en la política mexicana. La declaración de Sheinbaum reaviva este debate, sugiriendo una posible reorientación en la política ambiental federal que podría privilegiar ciertos intereses económicos sobre la imperiosa necesidad de preservar los recursos naturales para las futuras generaciones.
La transparencia y la rendición de cuentas serán cruciales para entender el alcance y las implicaciones de esta directriz. La ciudadanía, los activistas y la comunidad científica estarán atentos a cómo se interpreten y apliquen estas palabras en la práctica. La protección de las Áreas Naturales Protegidas no es solo una cuestión legal, sino un compromiso ético y una responsabilidad ineludible para garantizar la sostenibilidad ambiental de México. La frase de Sheinbaum, más allá de la intención, ha puesto de manifiesto la delicada balanza entre el desarrollo y la conservación, una balanza que debe ser manejada con extrema cautela y apego a la ley.
Con información de: “site:proceso.com.mx/nacional” – Google Noticias.

