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EE.UU. Escalada ‘Antiterrorista’ Sacude a México, Colombia y Venezuela

porANTENAMASTER

Jun 9, 2026
EE.UU. Escalada ‘Antiterrorista’ Sacude a México, Colombia y Venezuela

La estrategia de Estados Unidos contra el crimen organizado transnacional ha alcanzado un nuevo y controvertido nivel, al clasificar a influyentes grupos criminales de América Latina como organizaciones terroristas. Esta medida, que entró oficialmente en vigor el pasado viernes 5 de junio para facciones brasileñas como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), refleja una escalada en la presión de Washington. Publicada en el Registro Federal y firmada por el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, esta decisión equipara a estos grupos con otros ya designados en México (Cártel de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación), Colombia (Clan del Golfo) y Venezuela (Tren de Aragua), lo que plantea interrogantes cruciales sobre su impacto real y las implicaciones geopolíticas en la región.

La designación como organización terrorista no es una mera formalidad; conlleva un arsenal de herramientas legales y financieras. Inmediatamente, permite congelar bienes y activos bajo jurisdicción estadounidense sin previo aviso, prohíbe transacciones financieras con personas o empresas de EE.UU. y establece sanciones contra quienes brinden apoyo material o logístico. Si bien expertos consultados por BBC News Brasil sugieren que, con la notable excepción de Venezuela, esta clasificación no ha debilitado a las organizaciones ni ha reducido la delincuencia de forma perceptible, sí ha resultado en penas más severas para los delincuentes capturados y extraditados, y un control financiero mucho más riguroso. Cecilia Farfán-Méndez, del Observatorio Norteamericano de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC), subraya que, aunque no altere el comportamiento criminal, “cambia definitivamente el tono [de EE.UU.] respecto a estos grupos y cómo califican la amenaza que representan”, impactando significativamente en el sector privado.

La Realidad sobre el Terreno: Respuestas en México y Venezuela

En México, donde seis facciones criminales fueron designadas en febrero de 2025, la presión diplomática sobre el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha intensificado drásticamente. Esta situación ha culminado con la imputación de diez funcionarios del estado de Sinaloa, incluyendo al gobernador Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el poderoso Cártel de Sinaloa. La tensión escaló aún más cuando el gobierno de Sheinbaum denunció una supuesta operación no autorizada de la CIA en territorio mexicano, tras la identificación de dos agentes estadounidenses fallecidos en un accidente de tráfico mientras investigaban laboratorios de drogas. Estos eventos ilustran cómo la designación, aunque inicialmente financiera, puede transformarse rápidamente en una fuente de fricción diplomática y un catalizador para acciones encubiertas o abiertas.

El caso de Venezuela representa un escenario aún más complejo y extremo, donde la presión sobre el crimen organizado, que incluye la designación del Tren de Aragua, se mezcló con una intervención de mayor envergadura. El texto de referencia señala que esta presión alcanzó su punto álgido con “la invasión armada y la captura del entonces presidente, Nicolás Maduro, en enero de este año”. Si bien la designación no es un requisito legal para las operaciones de inteligencia extranjeras, los expertos coinciden en que estas acciones en México y Venezuela son parte de una campaña más amplia del gobierno de Donald Trump contra el narcoterrorismo, cuya orden ejecutiva de 2025 sentó las bases para estas clasificaciones.

En retrospectiva, la política estadounidense de clasificar a estas organizaciones como terroristas marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen transnacional en América Latina. Aunque su eficacia directa en desmantelar las estructuras criminales sigue siendo objeto de debate, es innegable que ha reconfigurado el tablero geopolítico, intensificando la vigilancia financiera y justificando un nivel de intervención más agresivo por parte de Washington. El futuro dirá si esta estrategia, que oscila entre la diplomacia coercitiva y la acción directa, logrará sus objetivos sin comprometer la soberanía ni exacerbar las tensiones en una región ya de por sí volátil.

Con información de: BBC Mundo.