Una transformación profunda se gesta en el panorama político de América Latina. Lo que en un inicio parecían victorias aisladas, se ha consolidado en una innegable ola de éxitos electorales que está reconfigurando el mapa de poder regional. Desde arrolladoras victorias en países clave como Ecuador y Chile, hasta ajustadas imposiciones en Perú y Colombia, la derecha latinoamericana ha logrado capitalizar el descontento popular, consolidando una influencia creciente que desafía las dinámicas políticas de la última década.
Este viraje contrasta notablemente con el escenario de principios de 2023, cuando la región era predominantemente izquierdista, con once naciones bajo gobiernos de esta tendencia. Hoy, con la reciente asunción de figuras como Keiko Fujimori en Perú y el próximo inicio del mandato de Abelardo de la Espriella en Colombia, la balanza se inclina con una docena de jefes de Estado ubicados a la derecha del centro político. Si bien gigantes democráticos como Brasil y México aún mantienen administraciones de izquierda, la contienda electoral brasileña de octubre, con un duelo proyectado entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, es un claro indicador de que la derecha busca consolidar su avance, a pesar de las diferencias internas entre sus líderes, que van desde tendencias populistas hasta autoritarias, pero que a menudo se reconocen como parte de una misma familia ideológica, con ecos de apoyo mutuo e incluso imitación de modelos polémicos como el de Nayib Bukele en El Salvador.
La Clave del Giro: La Demanda Ciudadana por Seguridad
¿Qué factor ha sido el catalizador principal de este fenómeno? Los expertos coinciden en señalar el clamor popular por una lucha más efectiva contra la delincuencia. La inseguridad se ha enquistado como una de las mayores inquietudes ciudadanas, respondiendo a aumentos significativos de la violencia y la extorsión en lugares como Ecuador y Perú. Sin embargo, el pánico al crimen ha escalado incluso en naciones con tasas de homicidios comparativamente más bajas, como Chile, donde las encuestas revelan una preocupación ciudadana superior a la de México o Colombia. Candidatos de derecha como Fujimori, De la Espriella, Daniel Noboa en Ecuador, José Antonio Kast en Chile y Nasry Asfura en Honduras, han sabido interpretar o incluso impulsar esta demanda, prometiendo “orden” y “mano dura” contra el crimen. El modelo de Nayib Bukele en El Salvador, con su controvertido pero eficaz aplacamiento de la violencia pandillera a través de un estado de excepción, se ha erigido como un referente y una “estrella” para esta nueva derecha regional, consolidando su atractivo entre un electorado desesperado por soluciones.
Regiane Bressan, profesora de relaciones internacionales de la Universidad Federal de São Paulo, subraya que este énfasis en políticas de seguridad pública más duras responde a una violencia endémica, pero también a un problema estructural de pobreza y desigualdad que los gobiernos de izquierda no lograron resolver completamente. Además de la seguridad, esta nueva derecha se distingue por otros aspectos estratégicos. Uno es el uso magistral y efectivo de las redes sociales como herramienta proselitista, logrando una conexión directa con las bases. Otro rasgo distintivo es una mayor agresividad verbal contra sus adversarios, particularmente la izquierda y el llamado “wokismo”, un estilo combativo que no siempre respeta las normas básicas de la convivencia democrática liberal y que tiene claras resonancias con la retórica de figuras como Donald Trump.
Este ascenso de la derecha en América Latina no es un fenómeno homogéneo ni casual. Es el resultado de una confluencia de factores que incluyen el hartazgo ciudadano ante la inseguridad, la capitalización de las deficiencias de administraciones previas, y una modernización de las estrategias políticas, especialmente en el ámbito digital y discursivo. La continuidad de esta tendencia dependerá de su capacidad para ofrecer soluciones reales a los problemas estructurales de la región, más allá de la “mano dura”, y de cómo equilibren sus promesas de orden con el respeto a las garantías democráticas. El mapa político latinoamericano está en constante evolución, y la derecha ha demostrado ser un actor determinante en su redibujo.
Con información de: BBC Mundo.

