La economía cubana, ya asfixiada por una de sus peores crisis recientes, enfrenta un nuevo y contundente golpe: la retirada parcial o total de varias de las principales cadenas hoteleras extranjeras que operaban en la isla. Este éxodo de gigantes como Meliá, Iberostar, Blue Diamond y Archipelago International no solo simboliza un revés para el sector turístico, pilar fundamental en la captación de divisas, sino que también expone la creciente vulnerabilidad de un modelo económico altamente dependiente de la inversión extranjera y el turismo internacional. La noticia ha sacudido los cimientos de la industria, generando incertidumbre sobre el futuro inmediato de miles de habitaciones y, en última instancia, sobre la capacidad de la nación para generar ingresos vitales.
El detonante principal de esta estampida empresarial se encuentra en la escalada de la presión ejercida por el gobierno estadounidense de Donald Trump. Una orden ejecutiva firmada el 1 de mayo impuso sanciones severas contra individuos y compañías que mantuvieran lazos económicos con GAESA, el conglomerado militar cubano que controla gran parte del sector turístico a través de su cadena Gaviota. Esto impuso un ultimátum perentorio hasta el 5 de junio para que las empresas extranjeras cortaran sus vínculos. Aunque las hoteleras han citado una amalgama de factores, desde preocupaciones legales hasta el deterioro de las condiciones operativas y la severa crisis energética de la isla, la sombra de las sanciones de Washington es innegable. Meliá anunció el cese de operaciones en 15 de sus 34 hoteles, Iberostar renunció a 12 de 16, Blue Diamond abandonó todas sus operaciones y Archipelago International retiró su marca Aston de varios de los establecimientos más modernos de La Habana.
El Ecosistema Hotelero Cubano: Un Modelo en Crisis
A diferencia de otros destinos, el modelo turístico cubano se basa en la propiedad estatal de los hoteles, gestionados en gran parte por entidades como Gaviota. Como explica el economista Pavel Vidal, las cadenas extranjeras no son propietarias, sino que administran mediante contratos, aportando elementos cruciales: la marca, los sistemas de reservas globales, la promoción internacional, los acuerdos con turoperadores y los estándares de gestión y calidad que hasta hace poco atraían a millones de turistas de Europa y Canadá. Ricardo Torres, otro economista, subraya que de esta colaboración se define la participación en los beneficios. Si bien existen modelos alternativos, como empresas mixtas o el reciente modelo de leasing que otorga mayor autonomía, la dependencia de la experticia y las redes comerciales de los operadores foráneos es incuestionable. La salida de estas marcas no significa el cierre inmediato de los hoteles, que pueden seguir siendo operados por empresas estatales, pero la pregunta clave no es quién los administrará, sino quién los llenará.
La pérdida de estas redes comerciales y de la capacidad de promoción internacional que aportaban Meliá, Iberostar o Blue Diamond representa un golpe devastador para la capacidad de la isla de atraer visitantes. Este éxodo se produce, además, en el peor momento posible, en plena debacle del sector turístico cubano. Lejos de recuperar los niveles pre-pandemia de 2020, cuando se recibían entre 4 y 5 millones de visitantes anuales, Cuba ha visto desplomarse sus cifras. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), la isla recibió apenas 328.608 turistas internacionales entre enero y abril de 2026, lo que representa una drástica caída del 55,8% respecto al mismo período del año anterior. Esta situación se ha agravado desde febrero, coincidiendo con la intensificación de la crisis energética y de abastecimiento, marcada por apagones diarios y escasez de combustible, que impacta directamente en la experiencia del turista.
En resumen, la retirada de las principales cadenas hoteleras extranjeras profundiza la crisis multidimensional que atraviesa Cuba. Más allá de la gestión operativa de los hoteles, el verdadero desafío radica en la capacidad del país para reconfigurar su oferta turística, atraer nuevos mercados y, lo más importante, restaurar la confianza internacional en un entorno de crecientes restricciones económicas y severas dificultades internas. Este escenario no solo complica la recuperación de un sector vital para la entrada de divisas, sino que también augura un futuro incierto para la ya frágil estabilidad económica de la nación caribeña.
Con información de: BBC Mundo.

