Las operaciones de búsqueda y rescate en la devastada zona fronteriza entre Nepal y la región autónoma del Tíbet han sido paralizadas ante el inminente peligro de un desastre aún mayor. Un lago de origen glacial, formado por los escombros de una catástrofe previa, ha comenzado a desbordarse, poniendo en grave riesgo la vida de los equipos de emergencia que trabajaban contrarreloj en el terreno.
Las autoridades de Gyirong, en el lado tibetano, ordenaron la suspensión temporal al detectar que este embalse natural acumulaba más de dos millones de metros cúbicos de agua. Ubicado a 2.950 metros de altitud y a unos diez kilómetros del paso fronterizo, el lago se sitúa casi mil metros por encima de las áreas de rescate, lo que dispara la alerta por posibles nuevas crecidas o corrimientos de lodo. Este cuerpo de agua es resultado de una monumental avalancha de lodo y rocas ocurrida a finales de agosto, provocada por el colapso de un glaciar nepalí, que arrasó el puesto fronterizo y bloqueó cauces fluviales.
La interrupción coordinada de las labores de rescate en ambos lados de la frontera subraya la seriedad de la amenaza. Mientras tanto, el balance de la catástrofe original sigue siendo desalentador. La policía nepalí ha confirmado más de 470 fallecidos en su territorio, sumándose a los cinco decesos registrados en el Tíbet. En total, más de mil personas permanecen desaparecidas en ambos países, de las cuales al menos 540 son extranjeros, incluyendo un número significativo de peregrinos hindúes que se dirigían a sitios sagrados en el Tíbet.
El impacto humanitario se extiende, con la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja advirtiendo que más de 90.000 personas en la región del Himalaya se verán afectadas. La preocupación aumenta ante la interrupción de las rutas de suministro para camiones de ayuda y el riesgo latente de nuevas inundaciones que podrían agravar la ya crítica situación en la zona.
Con información de Infobae.

