El presidente francés, Emmanuel Macron, ha intensificado su llamado a la calma en el país, apenas dos días antes de nuevas movilizaciones, al mismo tiempo que ha lanzado duras acusaciones contra grupos de extrema izquierda, a quienes señala de haber intentado “hacer caer la República” durante los recientes disturbios. En un giro para contener la escalada de violencia, el mandatario anunció que únicamente se permitirán las manifestaciones organizadas por sindicatos este sábado, proponiendo rutas alternativas para salvaguardar el comercio y la infraestructura urbana.
Estas medidas llegan en un momento de gran tensión, tras semanas de disturbios y saqueos en varias ciudades francesas, donde jóvenes enmascarados aprovecharon protestas legítimas contra el alto costo de la vida para vandalizar miles de establecimientos y edificios públicos, cuyas imágenes han circulado por todo el mundo. Macron, en un consejo de seguridad, reiteró la necesidad de una mano firme desde el Estado para castigar a los responsables, rechazando cualquier manifestación no avalada por una “legitimidad” reconocida.
El clima de agitación se produce a solo seis meses de las elecciones presidenciales, en las que Macron no puede postularse nuevamente y donde la ultraderechista Marine Le Pen figura como favorita en las encuestas. Mientras la oposición de izquierda, como La Francia Insumisa, acusa al gobierno de avivar la ira y promete llevar las demandas de los manifestantes al primer ministro, Sébastien Lecornu, el ejecutivo se prepara para un despliegue de seguridad sin precedentes. El Ministerio del Interior ha anunciado un aumento del 20% en las fuerzas de seguridad, incluyendo vehículos blindados, unidades de élite y efectivos militares de la misión Sentinelle, buscando evitar que los nuevos llamamientos a la huelga general y las protestas del próximo fin de semana degeneren en más violencia y caos. La situación mantiene en vilo al país.
Con información de El Universal.

