La Ciudad de México se prepara para recibir, una vez más, el eco incansable de la demanda de justicia por el caso Ayotzinapa. Padres de los 43 normalistas desaparecidos y diversos colectivos de víctimas se han trasladado a la capital del país para una crucial jornada de lucha, programada del 8 al 12 de junio. Este movimiento se enmarca en la “Jornada intermedia hacia los 12 años de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa”, una iniciativa que busca mantener viva la memoria y presionar a las autoridades para que se esclarezcan los hechos y se castigue a los responsables de una de las heridas más profundas en la historia reciente de México.
La caravana de familiares, que inició su camino desde Guerrero, busca no solo exigir respuestas sobre el paradero de sus hijos, sino también denunciar la alarmante crisis de desapariciones que azota al país, y particularmente al estado de Guerrero, donde más de dos mil cuerpos permanecen sin identificar en morgues y panteones ministeriales. Colectivos como “Lupita Rodríguez Narciso” se unirán a esta movilización, con una particular atención al 11 de junio, fecha que coincide con la inauguración y el primer partido oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Estadio Azteca, una coyuntura que buscan aprovechar para visibilizar su causa ante una audiencia global.
Presiones Simultáneas y Acusaciones al Estado
Paralelamente a la movilización en la capital, normalistas de Ayotzinapa en Chilpancingo, Guerrero, llevaron a cabo una toma simbólica de la caseta de cobro de Palo Blanco en la Autopista del Sol. Durante una hora y media, los estudiantes permitieron el paso libre a los automovilistas mientras realizaban un mitin y distribuían volantes. Su demanda central fue la solicitud de una mesa de atención interinstitucional con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para abordar el caso. Un orador denunció públicamente que la mandataria se habría negado a permitir que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) retome las investigaciones, las cuales, según sus informes, apuntaron a una vigilancia constante del Ejército mexicano sobre los normalistas desde 2010 y una presunta participación activa durante los días críticos de la desaparición en septiembre de 2014.
El documento distribuido por los normalistas, titulado “Un Grito de Esperanza por los 43” y firmado por los padres y madres, es un desgarrador testimonio de casi doce años de búsqueda infructuosa. En él, acusan a los gobiernos de “ensañarse” con ellos, de mentir y proteger a los responsables. Subrayan que, si bien la verdad sobre el paradero de sus hijos sigue siendo esquiva desde la “presunta agresión del Estado mexicano” en Iguala, tienen la certeza de la colusión entre corporaciones policiacas del Estado, el Ejército y el crimen organizado. A pesar de que las propias autoridades han reconocido la desaparición como un “crimen de Estado”, los padres lamentan el estancamiento de las líneas de investigación, la falta de acción contra el Ejército —a pesar de la implicación de la SEDENA señalada por el GIEI—, y el ocultamiento de 853 folios cruciales por parte de la milicia. La inacción en torno a la línea de investigación sobre 17 jóvenes detenidos y llevados a la barandilla de Iguala, así como la falta de avance en la revisión de los dispositivos telefónicos activos después de la agresión y las extradiciones de figuras clave como Tomás Zerón de Lucio y Ulises Bernabé, son puntos que generan una profunda indignación y frustración entre las víctimas y sus representantes.
Esta jornada de lucha en la Ciudad de México no es solo un recordatorio de un crimen impune, sino un llamado urgente a la conciencia nacional e internacional. Los padres y colectivos no cesarán en su demanda de verdad y justicia, enfrentando la impunidad con la persistencia de su dolor y su inquebrantable esperanza de encontrar a sus hijos. La persistencia de este caso, a casi doce años de los hechos, subraya la deuda histórica del Estado mexicano con las víctimas y la necesidad imperante de desvelar toda la verdad, por dolorosa que sea, para sanar una herida que sigue abierta en el corazón de la sociedad mexicana.
Con información de: Nacional – Proceso.

